Estar estresado arruina tu capacidad de planificar

La planificación es una habilidad extraordinaria que nos distingue de los animales no humanos. A diferencia de otras especies que viven sus instintos en el momento presente, podemos pensar y anticipar de forma flexible los eventos futuros, ajustando nuestros pensamientos y acciones actuales para que se ajusten a nuestros objetivos a largo plazo.

La capacidad de predecirnos a nosotros mismos y nuestras vidas nos permite ejercer autocontrol, retrasar estratégicamente nuestra toma de decisiones con la esperanza de obtener una mejor recompensa en el futuro. Un estudio famoso que analizó la gratificación retrasada en niños descubrió que los niños que resisten mejor las recompensas inmediatas tenían más éxito como adultos, tanto ocupacional como socialmente. Del mismo modo, hay evidencia de que los países que valoran las recompensas futuras más que las inmediatas obtienen mejores resultados económicos.

La planificación y el autocontrol funcionan en conjunto. Ambas actividades mentales implican no sólo pensar en el futuro, sino también tomar decisiones en el presente que conduzcan a un resultado mejor y más deseado, evitando posibles obstáculos y tentaciones en el camino. En resumen, requieren un grado de esfuerzo mental.

Si no nos involucramos en estas actividades es porque esa cognición tan esforzada consume un recurso mental muy limitado. Cuando ese recurso ha sido agotado por otras tareas exigentes, como situaciones estresantes en el trabajo, podemos ser más reacios a pensar en el futuro. En otras palabras, debido a que el estrés te está agotando, consumes las reservas cognitivas necesarias para planificar de manera efectiva el futuro.

Dado que la capacidad de autocontrol difiere entre personas y situaciones, los investigadores de la presente investigación realizaron una serie de estudios para examinar el vínculo entre el autocontrol y la planificación, así como lo que sucede cuando el individuo fatigado experimenta una capacidad reducida para ejercerlo. Formularon la hipótesis de que las personas con gran autocontrol realizan más planificaciones y que, si las reservas del ego están agotadas, hará que las personas tengan menos probabilidades de planificar.

En el primer estudio, los investigadores querían ver si las personas que tenían niveles más altos de autocontrol por recompensa participaban en más planes y presentaban más intenciones de planificar. De los participantes reclutados, primero se instruyó a los 201 para que completaran una breve escala de autocontrol y luego informaran cuántos planes habían hecho a principios de semana, así como la cantidad de planes que imaginaban que harían la semana siguiente.

Como predijeron los investigadores, las personas que obtuvieron una puntuación alta en autocontrol por recompensa reportaron más planificación, tanto en las semanas anteriores como en las próximas. Los estudios dos y tres midieron los efectos del autocontrol deteriorado, o el agotamiento del ego, sobre la disposición de las personas a planificar. En el segundo estudio, 105 estudiantes participantes fueron asignados aleatoriamente a la condición de agotamiento del ego o la condición de control.

El experimento incluyó un ejercicio de escritura en el cual se les dijo a los participantes que cambiasen sus escritos de una manera que involucraría muy poca o mucha autorregulación. Por ejemplo, al escribir sus ensayos, a los participantes en la condición de agotamiento del ego se les ordenó evitar ciertas letras de uso común, como ‘A’ o ‘N.’ Esto requeriría constante inhibición y esfuerzo para cambiar hábitos, agotando los recursos autorreguladores de los participantes.

Luego, para medir su disposición a hacer planes, se les presentó a los participantes una opción. Podrían “tomarse un descanso” o “hacer un plan para las próximas cuatro semanas”. Luego expresaron cuánto querían hacer cada tarea usando una escala de respuesta de 11 puntos. De acuerdo con las predicciones de los investigadores, las personas estaban mucho más agotadas mentalmente en la tarea de reducir el ego y, como resultado, estaban menos dispuestas a hacer planes que las que estaban en condiciones de control.

El tercer estudio fue un experimento de campo que analizó cómo la fatiga de la decisión, como resultado de hacer compras en el súper, influyó en la disposición de las personas a planificar. En el estudio, se contactó a 112 personas justo antes de ingresar a la tienda o inmediatamente después de irse, y se les pidió que completaran una encuesta que midió su agotamiento y si querían relajarse o hacer planes para las próximas cuatro semanas.

Una vez más, como se predijo, la fatiga de decisión asociada con la experiencia de compras hizo que las personas estuvieran menos dispuestas a hacer planes, en comparación con aquellas personas que acababan de ingresar a la tienda. Y sólo piénsalo, ni siquiera habían comenzado el proceso más agotador de acomodar todas las compras.

Con base en los hallazgos anteriores, parece que la planificación es, de hecho, una tarea cognitiva exigente que utiliza los mismos recursos asociados con otras funciones ejecutivas, como el autocontrol y la toma de decisiones. Cuando estos recursos se agotan por tareas previas que requieren un mayor esfuerzo y concentración, podemos experimentar una profunda aversión a la planificación, sabiendo que requeriría una energía mental que simplemente no podemos gastar.

Es por eso que después de una dura semana de trabajo, la idea de hacer planes, incluso divertidos, puede ser tan desagradable. No significa que eres vago o una mala persona; simplemente significa que estás demasiado cansado para dedicar el esfuerzo mental necesario para planificar el futuro. Así que descansa tu cerebro, y planea no hacer ningún plan hasta que hayas regresado a tu yo normal y descansado.

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