Ahí estás, como un flan. Esperando en una salita aséptica, con unas cuantas revistas en la mesa, un cuadro abstracto delante y una puerta a tu lado con un cartel que reza “Recursos Humanos”. Y te atacas. Porque has ensayado tu discurso, pero sabes que los entrevistadores están entrenados para sorprenderte con cualquier pregunta idiota con la que puedes quedar en evidencia.

Ahora bien, la experiencia es un grado, y muchas de esas cuestiones se repiten en absolutamente todas las entrevistas de trabajo. Y a eso vamos: estas son las respuestas más brillantes, contundentes y elegantes que puedes utilizar para enfrentarte a cualquier director de contratación dispuesto a analizar hasta la última de tus palabras cuando respondas a aquello de “¿Cómo te definirías con tres adjetivos?” y otras tonterías por el estilo.

Pregunta 1: ¿Por qué deberíamos contratarle a usted?

Pues porque lo valgo, por supuesto. Esa es la respuesta que querrías utilizar, pero está muy alejada de lo que esperan escuchar. Por eso, es mejor optar por palabras bonitas e ilusionantes. “Mi perfil está estrechamente relacionado con las labores del puesto y aportaré todo mi esfuerzo e ilusión para estar a la altura de las expectativas de la compañía”. Toma ya. A ver quién niega que esa es una respuesta sin ninguna falla.

Pregunta 2: ¿Qué esperas de este trabajo?

Pasta. Y cuanta más, mejor. Pero que no se te vea el plumero. Es mejor optar por una respuesta más sobria: “Espero crecer como profesional y aprender todo lo que una empresa de esta categoría puede enseñarme”. Conviene utilizar todas las contestaciones como un arma para poner en valor el prestigio de la compañía. Aunque no sea Apple.

Pregunta 3: ¿Podría enumerar tres virtudes y tres defectos?

Sí, todavía hay contratadores que lo piden. Porque es una pregunta trampa; la mayoría de las veces cometemos el error de establecer como defectos lo que, en realidad, son virtudes, como aquello de “soy demasiado perfeccionista”. Y eso no es lo adecuado. Siempre será mejor enumerar tres virtudes normales, como tu gusto por dar lo mejor de ti, tu afán por mejorar o tu actitud positiva frente a los problemas, y recurrir a defectos que pueden llegar a subsanarse, como el de que, aunque te gusta trabajar en equipo, prefieres hacerlo de forma individual

Pregunta 4: ¿Cuál querrías que fuera tu sueldo?

El más alto. Es lógico, pero que no se te note. Además, el puesto todavía no es tuyo, y tu respuesta puede inclinar la balanza hacia el lado de los “descartes”. Por eso, será mejor que no aludas a ninguna cifra concreta y que te refieras, como mucho, al sueldo medio establecido para el puesto que vas a desempeñar, dejando además claro que no sólo te mueve el dinero sino que esperas “rentabilizar tu puesto en forma de experiencia y recorrido profesional”.

Pregunta 5: ¿Le gusta trabajar en equipo?

No. Lo odio. La gente es estúpida. Contesta eso si quieres dar por finalizada la entrevista. Pero si lo que quieres es hacerte con el puesto di que es lo que más te gusta porque cuatro ojos ven más que dos, porque en grupo las soluciones se alcanzan más rápido, porque contar con varios puntos de vista genera ideas más completas, porque compartir experiencias con tus compañeros es enriquecedor. No se lo van a creer, pero es lo que esperan oír.

Pregunta 6: ¿Podría describirse en una frase?

Tampoco te compliques. Como es casi seguro que esta pregunta vaya a caer en el cuestionario, será bueno que ensayes alguna alternativa y la repitas tratando que no se note que te la sabes de memoria. Resalta todas tus virtudes y tus ganas de integrarte en el equipo, pero tampoco te describas como una suerte de estrella caída del cielo para iluminar al mundo con tu luz celestial.

Pregunta 7: Ya hemos terminado, ¿tiene alguna pregunta?

No cometas la torpeza de decir que no, que lo tienes todo claro. Nadie tiene todo claro nunca. Por eso, es mejor que aproveches para platear alguna cuestión relacionada con la empresa, con el puesto al que aspiras o para ahondar en algún aspecto repasado durante la entrevista. De esta forma, demostrarás interés y dejarás claro, además, que sabes interpelar a tus superiores y que te da vergüenza repreguntar si se trata de contar con toda la información para desempeñar tu labor de la mejor manera.

Si no patinas, si tienes todo esto claro, sólo tendrás que esperar a que pasen unos cuantos días para recibir la llamada soñada, esa en la que te dirán: “Enhorabuena, el puesto es suyo”